Cuando saber distinguir se convierte en un deber moral

El pasado 17 de marzo en el marco de la Presentación del proyecto “Valdemoro Ciudad Educadora” tuve la oportunidad de dirigirme a mis vecinos para hablarles de los fundamentos de esta nueva denominación que nos ha sido reconocida por la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras (AICE), un organismo que precisamente tiene como ciudad de origen y sede actual Barcelona, por cuya razón a sus responsables no les es en absoluto ajena la situación política de Valdemoro ni las formas y maneras de los partidos políticos en nuestro país, especialmente cuando se trata de las vísperas de unos comicios electorales. Se sabe y se entiende que está dentro de lo habitual que la presentación de un proyecto de este alcance puede ser utilizada como herramienta de desgaste político, esto es algo que yo también lo tuve claro desde el principio, contaba con ello.

Por eso no me ha sorprendido en absoluto cuando, por medio de determinados medios de comunicación, ha llegado ese ataque al proyecto, un proyecto, que en su propuesta inicial, allá por enero de 2014, fue aceptado por prácticamente la totalidad del pleno municipal que en ese momento estaba representando al conjunto de los valdemoreños. Fue en ese momento entendido y aceptado con buen criterio por todos y es por esto que nos pusimos manos a la obra.

Todos lo saben y no tengo porque ocultarlo, no soy lo que entendemos por un “profesional de la política”, yo soy una maestra de valdemoro y a mucha honra, soy una sencilla profesional de la docencia que cree en lo que hace desde que fue elegida por sus vecinos para ejercer las responsabilidades que le han sido encomendadas en el equipo de gobierno y siempre con arreglo a la más estricta legalidad, de eso también puedo presumir.

Y si, he sufrido decepciones, grandes decepciones que me han hecho dudar de si este mundo de la politica estaba hecho para mi, o si yo sería capaz de trabajar bajo tantas presiones, pero finalmente ha podido más mi sentido de la responsabilidad y del deber y he mantenido mi férrea voluntad de seguir adelante con todos los proyectos que tenía planificados, incluido este de Valdemoro Ciudad Educadora.

No obstante y ante las últimas presiones recibidas en días anteriores a la presentación, quise dar a mis vecinos una breve introducción en mi discurso de apertura, se trata de una breve explicación que no deseo que sea considerada como ningún tipo de propaganda política sino más bien como un alegato en mi defensa contra la injusta coacción indirecta que ha rodeado este acto de presentación, contra la supuesta amenaza de difamación a mi persona y contra la insidia que en ocasiones detecto en ciernes sobre mi.

Valdemoro Ciudad Educadora no es un proyecto de partido, no es un eslogan propagandístico, es mucho más, es un magnifico plan que pretende aunar las fuerzas y las ilusiones de todos los ciudadanos por mejorar nuestro municipio desde dentro, impulsando desde la participación ciudadana esas políticas en las que todos, sin distinción de ideologías compartimos, porque nadie puede atribuirse la titularidad de lo bueno, de lo justo o de lo necesario. Una lastima que ahora no sea momento para algunos de arrimar el hombro, y una lastima que para otros solo sea un motivo más para el enfrentamiento y la discordia.

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Mis palabras de introducción en el acto de presentación de Valdemoro Ciudad Educadora:

“En unos tiempos en los que hemos vivido con gran decepción situaciones que nos han hecho dudar de la integridad de nuestras propias instituciones, el Proyecto Valdemoro Ciudad Educadora nos ha venido a demostrar que más allá de las siglas de los partidos políticos o las estructuras administrativas, estamos las personas y que es nuestro deber moral saber distinguir entre aquellos que se fueron perjudicando nuestra reputación y los que se quedaron y siguen asumiendo día a día el reto de servir a sus ciudadanos dando lo mejor de sí mismos y sin esperar por ello recompensa alguna.

Hoy es un orgullo para mí reconocer que entre aquellas personas que nos comprometimos con los valdemoreños para gobernar en nombre de ellos, hay principios y hay valores, pero no hay dogmas y tampoco hay prejuicios. Creo firmemente que la justicia, la libertad, la equidad, la igualdad y la dignidad no son titularidad de nadie y al mismo tiempo son, sin ningún género de dudas, las máximas a las que aspiramos todos, para ello contamos con el marco democrático y plural de un Estado de Derecho que nos garantiza entre otras, nuestra libertad de expresión, esa libertad de expresión que confío en que todos sepamos ejercer con responsabilidad y sin que ello suponga el perjuicio de los intereses generales y especialmente la protección de los derechos de la Infancia que hoy también venimos a defender aquí”.